miércoles, 11 de julio de 2012


Vanitas vanitatis
 
Te miras en pupilas asombradas
de tu verborrea impenitente,
y decides que te sientes ligero,
y que tu ánimo vuela sin ataduras;
y te ves como un semidiós alado
con el ego de si mismo pagado
que te deslumbra y te ciega;
y solo escuchas atento tu discurso
sordo al resto de sonidos del ambiente,
y castigas impertérrito los oídos
de tu entregado auditorio,
sin reparar en sus anhelos,
sin navegar en sus sueños,
náufrago de tu arrogancia,
interno mar proceloso
en el que se hunden tus sentimientos,
sensibilidad soterrada en el lodo
que acumularon los años
de impasible devenir cotidiano.



Mediterráneo, junio de 2012

miércoles, 28 de marzo de 2012


Volar

Volar, soñar, morir
¿son parte de la ilusión?
Vuela el pensamiento libre 
y suple la carencia de alas
más allá del horizonte
de un mar de ideas que forman
olas que alborotan la consciencia.

Ensoñado en el duermevela
siento el aleteo del alma
que vuela fuera del cuerpo
y campa libre y dichosa
por el éter silencioso
inundado de otras almas
de soñadores ignotos,
de muertos, en mala hora,
que vagan aún sorprendidas
por el tránsito inesperado.

Morir, soñar, volar,
en la libertad del vuelo,
en la incontinencia el sueño,
siento que morir no importa,
que es parte de un intrincado juego
de inconsciencia desvelada,
de pensamientos entrelazados,
de anhelos no reprimidos,
de ilusiones, al fin y al cabo,
que forman parte de mi albedrío.

Soñar, volar, morir,
el sueño libera el freno
y las ideas en tropel
vuelan desconcertadas
para formar mil palabras
que se agrupan sin razón
en cháchara incontinente,
componiendo estos malditos versos
que estampo en el papel
en la esperanza vana
de salvarlos de una muerte cierta…
Mediterráneo, 27 de abril de 2012

sábado, 17 de diciembre de 2011


Alegría

“…la luna en el mar riela…”
Espronceda
  
He perdido la alegría
y la busco por los rincones,
en los cajones del alma,
en la risa contagiosa
de dos niños que corretean
ajenos, en sus impulsos,
al devenir cotidiano
que se arrastra con parsimonia
terca, como una niebla viscosa,
en este invierno de mi existencia.

Ser hijo de un Tritón
y una Selene mediterráneos
pesa en el ánimo.
¿Cómo evocar cada día
la imagen del sol del solsticio
bañando las olas del mar
que besan con mansedumbre
una costa herida de amor
por el viento y el propio mar
en sus perennes devaneos?

Y llega ese momento doloroso,
en el que recuerdas con nostalgia
las conversaciones a la luz tenue
de la brasa de un cigarrillo,
o de esa guitarra quejosa
que tañe su melodía
a impulsos de la marea
dejando notas que acompasan
el baile de la luna
que hace brillar la playa
de una juventud gloriosa,
de aquella primavera lata
que nunca debió acabar,
pero que anunció su fin
en la plata de mis sienes,
con un regusto de sal
que el mar dejó en mi boca
cuando cantaba a tu talle
de sirena juguetona.

Y me preguntas porqué
me resisto a celebrar
cumpleaños y aniversarios,
efemérides varias que recuerdan,
vano empeño, que la vida pasa,
a mi pesar, por momentos no gozosos
que una tormenta invernal
ha puesto de manifiesto,
para traerme un disgusto
y cantar a la tristeza,
cuando mi espíritu natural
es cantar a la alegría,
de vivir … en cualquier caso.


Entre Tenerife y Madrid a 10.000 metros de altura sobre el Atlántico, 15 de diciembre de 2011

miércoles, 5 de octubre de 2011

Nací en el Mediterráneo

"...nací en el Mediterráneo"
             Joan Manuel Serrat


La mirada en el horizonte
de un mar en calma,
el ánimo presto
para sentir la emoción
que provoca el viento en el rostro
agitando el latido
de un corazón contento.
Siento en los poros de mi piel
la sal de este mar siempre fiel.
Es mi cuna, es mi ser
este mediterráneo profundo
que cientos de pueblos sabios
han forjado en sueños
de sirenas que, con su canto,
han atado mi espíritu a su devenir,
que como una barca se mece
en olas que van y vienen
y forman playas de arena blanca
que refulge con el sol,
que entre mis dedos resbala
y hace que el tiempo discurra
sintiendo en cada grano menudo
parte de mi vida pasar...

viernes, 9 de septiembre de 2011

Canela


Tengo grabada en mi mente
tu piel canela asedada,
como pétalo de rosa temprana,
tus pechos amables y generosos,
capaces de ofrecer néctar de vida,
ese ombligo que anuncia
frutos aún más jugosos,
como la pulpa de maracuyá,
o una dulce curuba escondida
que aspira a ser relamida,
antes de llegar a tus piernas
de ágata tornasolada,
columnas de Hércules
que señalan el límite
de un mundo por conocer,
que invitas a recorrer
con tus ligeros pies.
En fin, mórbida mujer
de ojos de miel y azabache
de profunda y sugerente mirada,
de boca de fresa temprana
de besos almibarados,
vientre feraz a sembrar,
dulce veneno fugaz
que en mi vida se ha asentado,
eres siempre bienvenida
para dar algo de vida
a mi agotado ser

sábado, 6 de agosto de 2011

Amanecer


Me gusta el amanecer,
tu amanecer,
cuando con ojos soñolientos
abres el día con tu sonrisa,
cuando la luna se oculta
para no palidecer de envidia,
cuando despacio el sol
apaga las estrellas, una a una
para que se haga de día,
con tu alegría.

Me gusta que pase el día,
la mañana y el mediodía,
y llegue la tarde, hacendosa,
buscando el descanso de la jornada,
que nunca pasas ociosa.

Me gusta el atardecer,
tu atardecer,
cuando el sol te dice adiós,
derrochando su luz rojiza,
entre nubes de algodón,
entre jirones de luz dorada.

Y llega el anochecer,
tu anochecer,
cuando cansada y alborotada,
me ofreces, morena clara,
tus labios color de grana,
tus manos de inquietos dedos,
caricias de mil sonrisas,
sonrisas de buen amor.

Y el día se apaga, la noche avanza
y enciende el cielo de luna llena
de mil estrellas, sonrisa plena.
Me gusta la noche,
tus buenas noches.
También mañana sonreirás lozana.

sábado, 23 de julio de 2011

En la arena


Me desperté en la arena
de la playa…¡qué importa!
¿Se encuentra mal?
–preguntó un municipal–

Me han truncado el vuelo,
esta misma madrugada…
¡Ya! –se alejó pensativo…
Mal viaje, este palomo… –debió pensar.

Empezó en una escapada,
de la realidad y del agobio
(Madrid puede ser cansino)

Habíamos coqueteado, palabras,
guiños y miradas que nada callan,
¿nos escapamos?

Vino a verme esa noche,
con besos jugosos y frescos,
que tornaron en aire de verano
nuestros alientos.

Me ofreció sus pechos
tersos de pálida piel,
cosidos con botones de fresa,
con los que jugué.

En el ardor de esa noche,
busqué su hondura mojada,
para hundir mi sentimiento…
y quedarme sin aliento.

¡Para! –me dijo asustada–
…que tengo novio… – avergonzada–,
y salí de allí y de su vida,
en la misma madrugada.